jueves, 4 de julio de 2019

El señor de los anillos: La comunidad del anillo


El señor de los anillos: La comunidad del anillo

JRR Tolkien

Inicio

Cuando el señor Bilbo Bolsón de Bolsón Cerrado anunció que muy pronto celebraría su cumpleaños centesimodecimoprimero con una fiesta especial magnificencia, hubo muchos comentarios y excitación en Hobbiton.

Nudo

-Me alegra- dijo Frodo- , pues he llegado a apreciar de veras a Trancos. Bueno, apreciar no es la palabra justa. Quiero decir que me es muy querido. Aunque a veces es raro y torvo. En verdad me recuerda a ti a menudo. Yo no sabía que hubiese alguien así entre la Gente Grande. Pensaba, bueno, que solo eran grandes, y bastante estúpidos; amables y estúpidos como Mantecona; o estúpidos y malvados como Bill Helechal. Pero es cierto que no sabemos mucho de los Hombres de la Comarca, excepto quizá las gentes de Bree.

Desenlace

Al fin llegaron de nuevo a tierra en el flanco sur del Amon Lhaw. Allí encontraron una costa empinada, y sacaron la barca del Río, la arrastrara arriba, y la ocultaron como mejor pudieron detrás de unos peñascos. Luego, cargando al hombro los bultos partieron en busca de un sendero que los llevara por encima de las colinas grises de Emyn Muil, y descendiera internándose en el País de la Sombra.

(2015, Editorial Planeta Colombiana, S.A.)

miércoles, 3 de julio de 2019

El clan del oso cavernario


El clan del oso cavernario

Jean M. Auel

Inicio

La niña desnuda salió corriendo del cobertizo de cuero hacia la playa rocosa en el recodo del riachuelo. No se le ocurrió volver la vista atrás. Nada en su experiencia le daba razón alguna para poner en duda que el refugio y los que estaban dentro seguirían allí cuando regresara.

Nudo

Droog no sabía muy bien cómo explicar la tercera cualidad, aun cuando la comprendía visceralmente por el hecho de haber trabajado tanto tiempo la piedra. La cualidad que hacía posible su oficio era la manera en que se quebraba la piedra, y la homogeneidad del sílex constituía la diferencia.

Desenlace

Lo último que oyó Ayla al desaparecer detrás del saliente quebrado fue el gemido de Durc:
-          ¡Maamá, maaamá, maamaaá!

(Editorial océano de México, S.A.)

martes, 2 de julio de 2019

El valle de los caballos


El valle de los caballos

Jean M. Auel

Inicio

Estaba muerta. No importaba que gélidas aguas de lluvia helada la despellejaran, dejándole el rostro en carne viva. La joven entrecerraba los ojos de la cara al viento y apretaba su capucha de piel de lobo para protegerse mejor. Ráfagas violentas le azotaban las piernas al sacudir la piel de oso que las cubría.

Nudo

Y allí se quedó, sentada en su pequeña caverna, sosteniendo al cachorro de león cavernario, meciéndolo mientras él le chupaba los dos dedos, tan abrumada por el recuerdo de su hijo que ni siquiera se percató d que las lágrimas que le bañaban el rostro goteaban sobre el pelaje tupido.

Desenlace

A medida que se acercaba el grupo, Ayla se volvió hacia Jondalar, con el rostro asombrado, maravillado:
–Esa gente, Jondalar, está sonriendo –dijo–. Todos me sonríen.

(Editorial océano de México, S.A.)

viernes, 21 de junio de 2019

Nosotros

Nosotros

Evgeni Zamiatin

Inicio

Nota 1
Sinopsis: Anuncio. La más sabia de las líneas. Poema

Solo transcribo -palabra por palabra -lo que ha publicado hoy el Periódico Estatal:
"Dentro de 120 días finaliza la construcción del INTEGRAL. Se acerca la magna hora histórica en la que el primer INTEGRAL se remontará al espacio. Hace mil años sus heroicos ancestros sometieron el globo terráqueo al dominio del Estado Unido. Ahora tienen por delante una hazaña aún mayor: integrar la infinita ecuación del Universo con el vítreo, eléctrico, e ignívomo INTEGRAL. Deben someter al benéfico yugo de la razón a los seres desconocidos que habitan en otros planetas - quizás aún en el salvaje estado de libertad. Si no comprendieran que les llevamos una dicha matemáticamente infalible - nuestro deber es obligarlos a ser felices. Pero antes de las armas - intentaremos lograrlo con la palabra. [...]"

Nudo

¿Sucedió aquello en verdad? No lo sé. Lo sabré pasado mañana. La huella real es sólo una: en mi mano derecha, en la punta de los dedos, tengo la piel lastimada. Sin embargo, hoy en el Integral el Segundo Constructor me aseguró que él mismo había visto como yo casualmente tocaba con esos dedos la rueda de la pulidora, así que eso explica todo. ¿Y qué? Puede que así sea. Es muy posible. No sé - no sé nada.

Desenlace

Pero en la avenida transversal, la 40, lograron construir un muro temporal de alto voltaje. Y confío - venceremos. Más aún: estoy seguro - venceremos. Porque la razón debe vencer.

(2016, Hermida Editores)

lunes, 10 de octubre de 2016

En el lejero

En el lejero

Evelio Rosero

Inicio

La dueña del hotel le dijo que ese era su cuarto: abrió la puerta y le señaló una celda, especie de cajón. La cama de piedra parecía otro cajón en la mitad. Y había en la pared un único lienzo, ladeado: el rostro de Cristo, pálido y sangriento, con un ojo desvanecido por la humedad. Era exactamente un Cristo guiñándote el ojo.

Nudo

La gente empezó a regarse por la plaza. Eran grupos lentos y dispares, en torno al pequeño camión verde que se había estacionado, quién sabe cuándo, en mitad de la cancha de fútbol. Dos o tres hombres lo cargaban de pollos, sartas de pollos crudos, hasta el tope. Nadie, sin embargo, se acercaba al camión, a su carga extraordinaria. La mayoría guardaba silencio. ¿Seguían pendientes de él y de la dueña, de la charla que mantenían desde que salieron? Porque, al tiempo que aprentaban no oír, de vez en cuando, sigilosos, algunos los atisbaban; eran rostros furtivos de hombres y mujeres, sombras que pasaban.

Desenlace

Él ya no lograba estrechar el cuerpo del albino contra la pared. Apenas alcanzó a avanzar hasta el morro, engarrotado, y extender un brazo. La mano del carretero lo izó como a un leño. Él se tumbó en la tierra, a su lado. Le dolía el corazón. Quería abrazarse a su nieta. Quería huir. Pero volteó a mirar para abajo, al filo de la nariz. Allí seguía el hombre que dijo que en este pueblo se llamaba Bonifacio. Tenía los ojos cerrados. Se derrumbó al abismo, sin una palabra.

(2013, Tusquets Editores México, S.A.)

domingo, 2 de agosto de 2015

Lazarillo de Tormes

Lazarillo de Tormes

Anónimo

Inicio

Pues sepa Vuestra Merced, ante todas cosas, que a mí llaman Lázaro de Tormes, hijo de Tomé González y de Antona Pérez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca. Mi nacimiento fue dentro del río Tormes, por la cual causa tomé el sobrenombre; y fue desta manera: mi padre, que Dios perdone, tenía cargo de proveer una molienda de una aceña que está ribera de aquel río, en la cual fue molinero más de quince años; y, estando mi madre una noche en la aceña preñada de mí, tomóle el parto y parióme allí; de manera que con verdad me puedo decir nacido en el río.

Nudo

Ansí estaba yo a la puerta, mirando y considerando estas cosas y otras muchas, hasta que el señor mi amo traspuso la larga y angosta calle. Tórneme a entrar en casa, y en un credo la anduve toda, alto y bajo, sin hacer represa ni hallar en qué. Hago la negra dura cama, y tomo el jarro y doy conmigo en el río, donde en una huerta vi a mi amo en gran recuesta con dos rebozadas mujeres, al parecer las que en aquel lugar no hacen falta, antes muchas tienen por estilo de irse a las mañanicas del verano a refrescar y almorzar, sin llevar qué, por aquellas frescas riberas, con confianza que no ha de faltar quien se lo dé, según las tienen puestas en esta costumbre aquellos hidalgos del lugar.

Desenlace

Esto fue el mesmo año que nuestro victorioso Emperar en esta insigne ciudad de Toledo entró y tuve en ella Cortes, y se hicieron grandes regocijos y fiestas, como Vuestra Mercer habrá oído. Pues en este tiempo estaba en mi prosperidad y en la cumbre de toda buena fortuna.

(2015, Penguin Random House Grupo Editorial, S.A.S)

viernes, 31 de julio de 2015

Del amor y otros demonios

"Del amor y otros demonios"

Gabriel García Márquez

Inicio

Un perro cenizo con un lucero en la frente irrumpió en los vericuetos del mercado el primer domingo de diciembre, revolcó mesas de fritanga, desbarató tenderetes de indios y toldos de lotería, y de paso mordió a cuatro personas que se le atravesaron en el camino. Tres eran esclavos negros. La otra fue Sierva María de Todos los Ángeles, hija del marqués de Casalduero, que había ido con una sirvienta mulata a comprar una ristra de cascabeles para la fiesta de sus doce años.

Nudo

El convento de Santa Clara era un edificio cuadrado frente al mar, con tres pisos de numerosas ventanas iguales, y una galería de arcos de medio punto alrededor de un jardín agreste y sombrío. Había un sendero de piedras entre matas de plátanos y helechos silvestres, una palmera esbelta que había crecido más alto que las azoteas en busca de la luz, y un árbol colosal, de cuyas ramas colgaban bejucos de vainilla y ristras de orquídeas. Debajo del árbol había un estanque de aguas muertas con un marco de hierro oxidado donde hacían maromas de circo las guacamayas cautivas.

Desenlace

Sierva María no entendió nunca qué fue de Cayetano Delaura, por qué no volvió con s cesta de primores de los portales y sus noches insaciables. El 29 de mayo, sin alientos para más, volvió a soñar con la ventana de un campo nevado, donde Cayetano Delaura no estaba ni volvería estar nunca. Tenía en el regazo un racimo de uvas doradas que volvían a retoñar tan pronto como se las comía. Pero esta vez no las arrancaba una por una, sino de dos en dos, sin respirar apenas por las ansias de ganarle al racimo hasta la última uva. La guardiana que entró a prepararla para la sexta sesión de exorcismos la encontró muerta de amor en la cama con los ojos radiantes y la piel de recién nacida. Los troncos de los cabellos le brotaban como burbujas en el cráneo rapado, y se les veía crecer.

(1994, Editorial Norma, S.A)